lunes, 18 de abril de 2016

JUEVES 22

Hace mucho que no me paso por allí. ¿Vosotros os acordáis? Que sí, que estábais todos allí cuando se produjo el accidente... Pero os veo confusos así que voy a empezar a contaros dos años atrás...


Era la noche del jueves 22, lo recuerdo perfectamente, a las diez y cuarto exactas, cómo olvidarlo...
Me dirijía hacia mi casa, la que todos sabéis dónde está, ¿no? En mitad del bosque, apartada de la urbanización. A mi madre, nunca le han gustado los vecinos esos molestos que se ponen a discutir a todas horas del día, ni el ruido del tráfico, ni siquiera escuchar los buenos días de su madre, así que decidimos irnos a vivir al bosque. 
En fin, volvía a mi casa por la carretera, no había nadie y hacía tanto viento que el polvo que éste levantaba, no me dejaba ver por donde iba. Caminaba y caminaba y a mi el camino se me hacía cada vez más largo. Miraba a todas partes y me veía tan perdido, que lo único que se me ocurrió hacer, fue quedarme quieto y sentarme en el suelo a esperar a que ese viento tan agobiante parase. 
Recuerdo que fueron los diez minutos más desesperantes de mi vida, cuando de repente, el viento paró en seco. Ni se escuchaba ni se sentía absolutamente nada y entonces yo, me levanté y seguí caminando hacia delante cuando al levantar la vista del suelo veo una pequeña cabaña acogedora al final de la carretera. Aquella no era mi casa, pero quizás quien vivía allí podría ayudarme a llegar hasta mi destino. 
Supongo que esa noche le cogí miedo a aquella carretera y corrí hacia la casa del final sin mirar atrás. Cuanto antes llegase, mejor.
Tras cinco minutos conseguí llegar a esa pequeña cabaña tan acogedora. Miraba por las ventanas a ver si alguien se encontraba allí dentro pero lo único que vi era una chimenea encendida, un pequeño perrito durmiendo en frente de ésta y muchísimos libros, cientos de libros, miles de libros, ¡millones de libros! 
Entonces toqué la puerta, di tres toques y ésta se abrió como lo hacen en las películas, no me lo podía creer. Me tomé la libertad de entrar como si fuese mi casa ya que nadie la habitaba, o al menos eso parecía...
La noche anterior a esa, estando con mis amigos, empezaron a contar historias y recuerdo una perfectamente en la que decían que existía una casa "encantada" (decían ellos) al fondo del bosque donde los libros cada noche cobraban vida y te llevaban a mundos de romance, tristeza, suspense o alegría. Se pusieron a describir la casa y era tan parecida a la casa en la que yo me encontraba que por un momento pensé que podría ser esa la casa encantada de la que mis amigos hablaban, pero no quise pensarlo mucho y seguí sumergiéndome en ésta.
Había un ambiente muy tranquilo y acogedor así que decidí sentarme en un sillón gigantesco que había al lado de la chimenea, junto al perrito, que en ningún momento se despertó. Me senté allí y cerré los ojos pero de repente, un libro cayó sobre mis piernas abriéndose por la página veintidós.
Lo cerré y lo dejé en el suelo como si nada. Volví a cerrar los ojos pero empecé a sentir una presencia delante de mi. No quería abrir los ojos, ni siquiera me quería imaginar lo que había allí parado intimidándome pero le eché valor (algo de lo que siempre me voy a arrepentir) y entonces miles de libros colocados en forma de persona se situaban en frente mía.
Rápido me levanté y eché a correr hasta llegar a la puerta pero no me dio tiempo ni a dar dos pasos de que parecía que aquella "persona" con forma de libros me agarrase por el cuello y me metiese en su boca. Caía y caía como por una especie de agujero negro con pareces llenas de letras y "Érase una vez", un "Y comieron perdices" o un "Jamás se la volvió a vez."
Parecía que caía sobre varios libros envolviéndome cada uno con una historia...
Recuerdo que estaba El Quijote, Romeo y Julieta, Rimas y Leyendas o El Lazarillo de Tormes. También había libros de terror que no quería ni mirar porque en seguida me moría de miedo.
Me estaba agobiando muchísimo, no sabía qué hacer, quería salir de aquella pesadilla que me mareaba enseguida y recordé lo que mi madre me decía de pequeño antes de dormir "Si estás en un sueño que no te gusta y quieres escapar, entonces pellízcate y de él saldrás."
Lo hice de inmediato  y así fue, caí al suelo de aquella sala llena de libros como si de un sueño me hubiese despertado y salí corriendo de esa casa sin mirar atrás, gritando como un loco con el miedo metido en el cuerpo.
Aquella noche tuve que tener más cuidado al salir de la cabaña porque ni siquiera miré si había coches en la carretera y efectivamente los había, concretamente un coche color negro que fue el que me atropelló. Y por eso chicos, ahora estoy aquí en el hospital contando a todo el que me viene a ver, mi historia sobre la misteriosa cabaña encantada al final del bosque.



                                                                         FIN.

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